Si preguntara por su hijo favorito de Martin Sheen, sin duda, la respuesta de muchos de mis interconectados amigos virtuales sería el primero que se le viniera a la cabeza, descartando a Ramón y a Joe, que son medio invisibles y pensando sólo en Charlie por ser el más mencionado por estos días, pero a pesar de lo auténtico que es, siempre me cayó mejor Emilio, aunque muchos no lo reconocerían a primera vista como un Sheen por haber elegido el apellido de la abuela, Estévez.
Emilo Estévez tuvo un par de protagonizaciones estelares en mi historia y ellas fueron en la bella “Stand By Me” cuando era niño y en “Young Guns”, de la que me quedaré siempre con la parte “II” en la que hacía de Billy. Pero Emilio es miembro del Brat Pack y actor en “The Breakfast Club” y “St. Elmo’s Fire”. Lo recuerdan como “Repo Man”, en “The Mighty Ducks”.
Los hijos no siempre serán en el cine la continuidad de una edificada carrera, pues no todos los herederos de estrellas tienen el mismo talento que sus papás, ubicados en un lugar en el espacio y el tiempo inigualable. Para ejemplo, la familia Sheen tiene buenas muestras de fracasos como actores; digamos Emilio.
Ramón Antonio Gerardo Estévez llegó en 1967 a la actuación y simplemente se hizo llamar Martin; desde entonces, nunca ha sido nominado al premio de la academia, a pesar de sus magistrales actuaciones y apariciones en películas como “Apocalypse Now”, “Wall Street” o “The Departed”. En TV fue el Presidente Josiah Bartlet en la serie “The West Wing”. Martin Sheen es nacido y criado en USA, hijo de un inmigrante español y una irlandesa.
El planteamiento de “The Way”, una película de bajo presupuesto y de altas expectativas, deja entrever ese tributo que quiso hacer magistralmente Emilio Estévez a su padre, Martin Sheen en, no sólo una hermosa historia de liberación y afecto, sino en la manera como lo dirigió. “The Way” genera un sentimiento profundo al borde del legendario camino español recorrido por la mística de los pasos de cientos de peregrinos en búsquedas espirituales, pero esta vez el recorrido mismo es el protagonista, expuesto desde diferentes tramos y desde diferentes historias.
La descripción en cartelera decía: Tom Avery (Martín Sheen), un reputado oftalmólogo viudo, un día recibe una llamada en la que se le comunica que su hijo Daniel, con el que nunca ha tenido buenas relaciones, ha fallecido en un temporal en los Pirineos. Tom, desolado, viaja a Francia y, cuando averigua que su hijo estaba haciendo el Camino de Santiago, decide terminar la ruta en su honor.
Vale la pena hacer este ejercicio, recorrer en pantalla ese camino truncado y pensar en nuestro papel como hijos en una obra magníficamente dirigida por uno rebelde y astuto, Emilio Estévez.
Gabriel Posada
Medellín - Colombia
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