Dictaduras para morirse de risa
El estreno de “The Dictator” está levantando polémica por su incorrección política, aunque no es el primero que se ríe de los regímenes autoritarios.

El actor Sacha Baron Cohen es un inglés de familia y costumbres profundamente judías, pero solo en la intimidad de su hogar, porque su imagen pública se difumina entre el kazajo Borat, el austríaco maniaco de la moda Bruno y, su última adquisición, el dictador almirante general Aladeen.
Como Lubitsch (otro judío), y antes que él, Charles Chaplin (también de familia judía), Baron Cohen encuentra en las alucinaciones y desvaríos de los auténticos dictadores material de sobra para reír a gusto. Y provocar carcajadas.
La película, dirigida por Larry Charles con guion y protagonismo de Baron Cohen, Ben Kingsley y Anna Faris, cuenta cómo el gobernante de un presunto país árabe intenta evitar a toda costa que la democracia llegue a su país, al que ama tanto como oprime.
El argumento, inspirado en la novela “Zabibah y el rey”, atribuida al fallecido dictador Saddam Hussein, es una nueva sátira, ácida y mordaz, en la línea del provocador Sacha Baron, que, después de las polémicas “Borat” y “Bruno”, se centra en el mundo de la política.
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